martes, 23 de agosto de 2011

RAZÓN, PSICOANÁLISIS, CUENTOS


BETTELHEIM, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica, 1999.

Hacía más de diez años que no leía una obra psicoanalítica. Más atrás, había leído a Freud (había devorado su obra completa), a Adler, Jung, Klein, Rank, Ferenczi… Qué sé yo. Incluso leí los escritos psicoanalíticos de Lou Salomé. Y mucho, mucho más atrás, recuerdo haber leído La interpretación de los sueños, en la adolescencia, a la busca de estímulos sexuales, igual que hojeaba mi biblia de aquel entonces, el Interviú, y soñaba despierto con diosas griegas y mujeres del Versalles de Luis XV.

Pasó la época de los sueños, pasó el conocimiento clásico, llegó la comprensión plena del psicoanálisis, la teoría, o el cuento, más racionalista que salió de cabeza humana desde los tiempos de Sócrates y su ética para cínicos civilizados.

Porque el psicoanálisis es de una racionalidad que apabulla, que asusta. Se esté o no de acuerdo con su imaginería, Freud fue el último filósofo que podría haberse sentado a la mesa con Séneca, o que podría haber paseado junto a Aristóteles. No digo que intelectualmente estuviese a su altura, sino que como hombre que piensa podría ser uno más, y no de los menos destacados, de la Academia o del Liceo. ¿Se imaginan a Heidegger charlando con Platón? Yo, no.


[Sinceramente, me aburrí de esperar a que se descargase La escuela de Atenas, de Rafael]

Bettelheim es un digno seguidor de la tradición cultural que inauguró Freud para el psicoanálisis. Psicoanálisis de los cuentos de hadas no desentonaría junto a Psicoanálisis del arte o Tótem y tabú. Tanto Freud como Bettelheim despliegan, a través del racionalismo a ultranza del psicoanálisis, una visión humanista y humanitaria que no es capaz de igualar ningún otro modelo y método de conocimiento del hombre, aunque presuman de ese mayor realismo que pretende monopolizar el cientificismo. ¿Y creen posible un saber inhumano del hombre? Es como el que quiere medir la distancia con una báscula: en cualquier caso, se define el que así hace, y eso ya nos reporta un conocimiento humano del hombre.

En este libro, Bettelheim defiende la insustituible utilidad de los cuentos de hadas, pues tanto su forma como su contenido son ideales para que en su teatro interior los niños representen sin peligros, sin prisas, sin dogmatismos ni falta de esperanza, sus propios conflictos, internos y externos. Los cuentos de hadas serían, pues, relatos universales del universal problema de hacerse mayor. Y el hombre nunca deja de ser el niño que fue, y nunca consigue hacerse plenamente mayor.



[Y ya puestos, unidad estilística ante todo]

El psicoanálisis nos dice que para poder perseguir la felicidad y para poder evitar o soportar el sufrimiento, el hombre ha de ser uno consigo mismo, o ha de estar en contra de sí mismo lo menos posible, con la menor atomización y la menor guerra interna; y ha de mantener esa unidad en el mundo con la mayor autonomía posible; y entonces comprenderá que crecer significa cambiar la inocencia, que hay que perder, por la sabiduría que nos informa de las leyes básicas de este mundo, su perfecto orden y justicia: ama a quienes amas, sufre cuando sufres, y todo esto posibilitado, atemperado, por el viejo “Nada en demasía”. Así, el psicoanálisis, en su búsqueda mesurada de la mesura posible, muestra su clásico y pragmático sello racionalista.

Y durante muchos años el psicoanálisis me hizo sufrir una llevadera tortura intelectual. Porque los argumentos en los que se esgrimen de manera coherente ideas que no excluyen, sino que anhelan la armonía, que no abrogan el dualismo, sino que lo sintetizan (y subliman), son altamente convincentes y atractivos, tanto cuando te va bien en la vida como cuando te va mal. En el primer caso, el racionalismo abunda en tu bienestar porque piensas que fruto y mérito tuyos son esa madurez en la que exhibes los resultados; y en el segundo caso, el racionalismo te embauca con la esperanza de todo dualismo: Puedes cambiar sin dejar de ser tú mismo, pues no tiene que desaparecer una parte de ti, sino que has de distribuirlas de otra manera.


Luego cesó la llevadera tortura intelectual. Y la tierra se tragó a Freud. Y el viento se llevó el racionalismo. Y empezó la vida, sin cuentos, sin diosas olímpicas ni cortesanas versallescas, sin maduración ni orden ni medida ni equilibrio, en el mejor de los casos sin más cuentos que el Interviú.

domingo, 21 de agosto de 2011

Aforismos de Bernard Shaw

Seleccionamos y traducimos algunos aforismos que Bernard Shaw incluyó en Man and Superman (London: Penguin Books, 1946), y que aparecen en “Máximas para revolucionarios” (pp. 271-286), última sección del libro que comienza con la obra de teatro Hombre y superhombre (escrita entre 1901 y 1903), y que continúa con “La guía del revolucionario”.


MÁXIMAS PARA REVOLUCIONARIOS

La regla de oro
-No les hagas a los demás lo que querrías que te hiciesen a ti. Sus gustos pueden no ser los tuyos.
-La regla de oro es que no hay reglas de oro.

Idolatría
-El arte de gobernar es la organización de la idolatría.
-La burocracia consiste en funcionarios; la aristocracia, en ídolos; la democracia, en idólatras.

Libertad e igualdad
-El que confunde libertad política con libertad, e igualdad política con semejanza, es que nunca ha pensado en todo eso más de cinco minutos.
-La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayoría de los hombres la temen.
-Donde la igualdad no se discute, tampoco se discute la subordinación.
-La relación de un superior con un inferior excluye las buenas maneras.

Educación
-Los niños mejor educados son los que han visto a sus padres tal y como son. La hipocresía no es el primer deber de los padres.
-El que sabe, hace. El que no sabe, enseña.
-Un hombre culto es aquel que mata el tiempo estudiando. Cuidado con su falso conocimiento: es más peligroso que la ignorancia.
-Nadie puede ser un puro especialista sin ser, en el sentido estricto, un idiota.

Matrimonio
-La popularidad del matrimonio procede de combinar el máximo de tentación con el máximo de ocasión.
-La poligamia, tratada bajo las modernas condiciones democráticas, como sucede en el caso de los mormones, queda destrozada por la revuelta de la masa de los hombres inferiores a los que condena al celibato, pues el instinto maternal lleva a la mujer a preferir compartir con otras diez a un hombre de primera clase, antes de tener la exclusiva posesión de un hombre de tercera clase. La poliandria todavía no se ha probado bajo estas condiciones.


Crimen y castigo
-Los criminales no mueren a manos de la ley. Mueren a manos de otros hombres.
-Cuando un hombre quiere matar un tigre, lo llama deporte; cuando un tigre quiere matar a un hombre, lo llama ferocidad. La diferencia entre crimen y justicia no es mucho mayor.
-El hombre más nervioso de la prisión es el alcaide.

Títulos
-Los títulos distinguen al mediocre, avergüenzan al hombre superior, y los desgracia el inferior.

Honor
-No puedes creer en el honor hasta que no lo hayas alcanzado. Es mejor que te mantengas limpio y brillante: tú eres la ventana a través de la cual debes ver el mundo.

Religión
-Se puede saber en qué cree un hombre no por su credo, sino a partir de los presupuestos sobre los que actúa habitualmente.

Virtudes y vicios
-La virtud no consiste en abstenerse del vicio, sino en no desearlo.
-La abnegación no es una virtud: sólo es el efecto que la prudencia ejerce sobre la pillería.
-La desobediencia, la más rara y valiente de las virtudes, pocas veces se distingue de la negligencia, el más vago y común de los vicios.

[Botticelli. La calumnia de Apeles]

Grandeza
-Si un gran hombre consiguiese hacerse entender, lo colgaríamos.
-Admitimos que cuando la divinidad que venerábamos se hizo visible y comprensible, la crucificamos.
-En una nación estúpida, el genio se convierte en un dios: todos lo adoran y nadie le hace caso.

Belleza y felicidad, arte y riqueza
-El que desea una felicidad de por vida con una mujer hermosa, desea disfrutar del sabor del vino manteniendo la boca llena de vino.
-El dolor más intolerable se produce al prolongar el placer más intenso.

El perfecto caballero
-Un caballero de nuestros días es aquel que tiene el dinero suficiente para hacer lo que cualquier cretino haría si se lo pudiese permitir: consumir sin producir.

La Razón
-El hombre razonable se adapta al mundo: el hombre no razonable persiste en intentar adaptar el mundo a sí mismo. Así pues, todo el progreso depende del hombre no razonable.
-El hombre que escucha a la Razón está perdido: la Razón esclaviza las mentes que no son lo bastante fuertes para dominarla.

Decencia
-La decencia es la conspiración del silencio de la indecencia.


[Jean-León Gérôme. Friné ante el Areópago]

Fama
-La vida nos iguala a todos: la muerte revela al excelente.

Civilización
-La civilización es una enfermedad producida por la práctica de construir edificios con materiales podridos.

Sentencias sueltas
-Nos han dicho que cuando Jehová creó el mundo, dijo que era bueno. ¿Qué diría ahora?
-El reformador para quien el mundo no es lo bastante bueno, va de la mano con aquel que no es lo bastante bueno para el mundo.
-Todo el que pase de los cuarenta es un sinvergüenza.
-Es peligroso ser sincero salvo que también seas un estúpido.
-Cuídate del hombre que no te devuelve el golpe: ni te perdona ni permite que te perdones.

Sacrificarse
-Sacrificarse permite sacrificar a los demás sin ruborizarse.
-Si empiezas sacrificándote a quienes amas, terminarás odiando a aquellos por quienes te has sacrificado.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Breve reflexión sobre los diarios


[Paul Klee. Doble]

Si prescindimos de las definiciones que como prejuicios nos hacen creer que sabemos qué es algo, no resulta fácil responder a la pregunta qué es un diario, y más bien se nos viene a la mente la cuestión de por qué se escriben diarios, para qué, o para quién.

Yo, aquí, y ahora, hablo de oídas, “de leídas”, porque nunca he llevado un diario (ni el mío ni el de nadie, persona o personaje). Dejé escrito en el blog (creo que En la piel del diario) que escribiría sobre los diarios, y mejor esto – breve, rápido, por vergüenza y sin vergüenza – que nada de nada, porque eso ya no es nihilismo, sino regodeo en el nihilismo, es decir, pereza, es decir, mentir dando o sin dar excusas para incumplir la palabra.

La idea primera, ingenua, que elaboramos de diario tiene que provenir de lo que pensamos que haríamos nosotros, nadie, con un diario. Así que en principio un diario, si me permiten echarme al vicio de definir, es un registro que cada día, casi siempre por la noche, si es posible y se tienen ganas, porque no es necesario tener nada que decir, se hace de lo que uno ha hecho o de lo que a uno le ha pasado, o de ninguna de estas cosas: tal vez de lo visto, de lo imaginado, de lo soñado, de lo oído, de lo alucinado. Y este registro se realiza para uno mismo, por razones mnemotécnicas o por puro y duro aburrimiento o por grandilocuente vanidad o para poner en orden y en claro alguna sucesión de ideas, con la más o menos reconocida intención de que lo lea, con o sin el propio permiso, o bien alguien conocido, o bien alguien que todavía no ha llegado a nuestras vidas pero que cuando lo haga, incluso – o quizás sobre todo – a esa vida nuestra que deseamos en el mundo a través de la memoria ajena tras nuestra muerte, será merecedor de este tesoro enterrado bajo un leve capa de polvo que es nuestro diario.

Es una definición un poco larga, lo sé, pero supongo que por eso es una buena definición y no un simple juego sinonímico. Y para ser como es tan buena definición, no sirve para nada.


[Paul Klee. Marcado]

Porque pronto, a pocos diarios que leamos, digo diarios publicados, vemos que esta no es la definición de diario, sino de un tipo de diario. Y este tipo de diario no llega a ser un auténtico diario si a quien lo escribe no lo ampara la Historia en alguna de sus manifestaciones: arte, ciencia, literatura, filosofía, guerra, catástrofe natural, etc. Pues no cabe duda de que el diario huérfano de Historia, y de suerte, es un asunto de familia y, como todos los asuntos de familia, termina en la basura o en las cenizas.

Hay diarios que son desahogos, otros son bancos de pruebas intelectuales; unos no se escriben para nadie y otros se escriben mientras se firma un contrato para su publicación; en unos se da a entender que uno se confiesa, y en otros se dice la verdad tras el velo de la ficción; unos diarios no siguen el día a día y de otros sólo se sabe que lo son gracias a que van al paso de los días; en unos el autor está solo con el coro fantasmal de su conciencia, y en otros intervienen fantasmas de carne y hueso.

En el fondo, si queremos saber en serio qué es un diario, tenemos que pensar la conciencia misma, porque escribir un diario se asemeja a jugar una partida de ajedrez con o contra uno mismo, y esto es lo más parecido a intentar pensar el pensar. Y la conciencia, y eso lo saben todos los que han chocado de frente contra la impermeable membrana del solipsismo, y han flotado caóticamente por los abismos intermonádicos (que son fractalmente los abismos intramonádicos), no es conciencia del mundo, salvo que el mundo esté en la conciencia y, al mismo tiempo, la conciencia en el mundo, que pudiera ser, sino conciencia de sí misma, y esto, hasta donde alcanza la conciencia en el cálculo infinito e infinitesimal de sí misma, significa que la conciencia es conciencia de la conciencia, y así sin fin, pero de manera que la segunda conciencia del enunciado de la relación juega un papel ancilar respecto de su subordinada en esta teórica intimidad de conjuntos a la mise en abyme.

Pero qué sentido tiene adentrarse en estos pantanos cuando todo el mundo sabe qué es un diario y, es más, cuando todo el mundo sabe escribir un diario. Entonces, procedo. Y procedo del pantano y progreso por la cómoda autopista del género próximo y la diferencia específica. Es posible clasificar los diarios en los siguientes tipos…


[Paul Klee. Lugar de encuentro]

Así es, era broma, una broma sin gracia, pero broma al fin y al cabo. Los que creían que me iba a salir del pantano o no conocen el pantano o todavía no me conocen a mí. En el pantano se aprende que la vida conjuga todos los verbos reflexivamente. Así, no existe ser, sino ser(se), ni conocer, sino conocer(se), ni amar, sino amar(se), ni pensar, sino pensar(se), ni decir, sino decir(se), ni aferrar, sino aferrar(se), ni vivir, sino vivir(se). Pero vivir, el pantano es todo claridad en esto, es descomposición, desvivir, así que vivir es desvivir(se). La conciencia se alimenta de sí misma y crece devorándose. El diario, por lo tanto, en su paradoja, en su repliegue, en su extrañeza, en su hablar(se) es lo más prístino e inmediato que se puede escribir, aunque no se escriba sobre uno mismo, aunque se escriban sueños y recuerdos y deseos. En el diario, aunque sea para mentir(se), la conciencia se acaricia plegándose sobre sí misma. De ahí que pueda llevarse al extremo esta reflexión y se puede decir que toda escritura o es diario o es nada. El diario es la postura perenne, fetal y erótica, de la conciencia que se hace saber.

Ahora habrán entendido que cualquier otra aproximación habría sido una pérdida de tiempo, un alejarse. ¿Se imaginan a Canetti no escribiendo, en La conciencia de las palabras, el “Diálogo con el interlocutor cruel”, con sus “Apuntes sueltos”, “Agendas” y “Diarios”? ¿O no escribiendo “El Diario de Hiroshima del doctor Hachiya”? ¿Se imaginan a Susan Sontag no escribiendo en Contra la interpretación sus textos sobre los Carnets de Camus, sobre Simone Weil?

¿Se puede exagerar hasta decir que la Odisea es el diario de un viaje? ¿O que el Ulises es el diario de un día? ¿O que Las mil y una noches es el diario de una vida al filo de los sueños? ¿O que la Biblia y sus apéndices, el Talmud y Enchiridion Symbolorum, no son diarios de la revelación? ¿O que si Flaubert es Madame Bovary, Madame Bovary no es el diario de cómo se escribe la conciencia que se enajena sin dejar de ser a una velocidad media de palabra y medía por día? Y ustedes me dirán, “Para qué exagerar”, y tienen razón.


[Paul Klee. Eidola: otrora caníbal]

No puedo ser exhaustivo: me faltan tiempo, dinero, ganas, ilusión y paciencia. Cada uno de ustedes echará en falta algún diario, por ejemplo, los de Gombrowicz. Reconozco que mi lista de diarios pendientes de leer es casi tan extensa como la que aquí presento. Me habría gustado, por ejemplo, haber leído y añadido los diarios de algún político, como Azaña; o los de un don nadie, como yo mismo. Pero eso es imposible y además da completamente igual.

Son tantas las circunvoluciones de la conciencia, que se desorienta, se confunde, se pierde en su propio laberinto y llega a pensar que se puede salir del laberinto y que fuera de sí misma está el mundo, algo. Se guía por el hilo de los sentidos y olvida que toda impresión es huella, memoria, y que toda expresión es hacer memoria, recordar. Entonces, ¿no serán memorias los diarios? Y, por lo tanto, ¿existen los diarios o, de nuevo, no hay más que diarios?

Me pregunto si se puede hablar de tipos de diarios. Por ejemplo, de diarios reales que han llegado a nosotros porque nos embaucan los viajes (los de Colón, Flaubert, Goethe, Montaigne, Whitman), porque nos fascinan sus autores (Kafka, Musil, Jünger, Pavese, Klee, La Rochelle, Plath) o porque los que los escriben sólo importan como transmisores de hechos y experiencias (Berr, Leseur, Valère). De diarios ficticios, tan reales como Diario de un cura rural, Diario de un cazador, Diario de un seductor, Diario de un hombre superfluo, La conciencia de Zeno o Los apuntes de Malte Laurids Brigge; o tan apócrifos como las Conversaciones con Kafka de Janouch. Y también de diarios solapados, disfrazados de conversaciones, como las de Eckermann con Goethe, o de entrevistas, como la de Cabanne a Duchamp; o transformados en memorias reales, como Tempestades de acero, o memorias cristalizadas en ficción, como El fuego (Diario de una escuadra), o Sin novedad en el frente; o como ensayos expuestos en carne viva en el laboratorio de la conciencia, como sucede con los Cuadernos de Weil, los Pensamientos de Pascal, los Cuadernos en octavo de Kafka, los Apuntes de Canetti, los Carnets de Albert Camus, los Fragmentos póstumos de Nietzsche; y también estas mismas vivisecciones pasadas por la mesa de operaciones de la reconstrucción, como sucede en el caso de los Ensayos de Montaigne, What I Saw de Joseph Roth, y Diario de un escritor, de Dostoevskiï. Me pregunto esto, y no tengo respuesta.


[Paul Klee. El sitio de los mellizos]

Diarios, o el rastro sonoro del contacto, roce o fricción de la conciencia consigo misma. Y también diarios o el diálogo entre conciencias. Y, así, nada más vertiginoso que leer en un diario lo escrito sobre otro diario: Sánchez-Ostiz sobre Jünger, Pavese sobre Murasaki, Vila-Matas sobre Kafka… Diarios, o la más pronta expresión de la memoria. Y, así, ¿no será Antes del fin, de Sabato, un diario? Y esto nos conduce al placer de la unidad estilística de diarios y memorias, como sucede con Gide y Márai, y a chascos que hacen que uno ya no crea ni en diarios ni en memorias ni en su intimidad, como pasa cuando se lee con cierto agrado Relato de mi vida, de Thomas Mann, luego se padece el infierno de leer sus diarios.

Ya ven qué poca coherencia. Esta breve reflexión sobre los diarios terminará con una cita sobre las memorias. Lo dice Gide en su autobiografía Si la semilla no muere… No importa, para dar coherencia a un texto no se necesitan nexos, sino neuronas. Pensemos en la conciencia en su laberinto-diario dándose vueltas mientras ficciona-rememora que hay un fuera de sí misma llamado mundo, algo.


[Paul Klee. Todo corre en pos de algo]

“Las Memorias nunca son sinceras sino a medias, por grande que sea el cuidado por decir la verdad: todo es siempre más complicado de lo que se dice. Quizás hasta uno se acerca más a la verdad en la novela”.


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Bibliografía.

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5. BERR, Hélène. Diario. Barcelona: Anagrama, 2009.

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18. FLAUBERT, Gustave. Viaje a Oriente. Madrid: Cátedra, 1993.

19. GIDE, André. Diario. Barcelona: Alba, 1999.

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23. JANOUCH, Gustav. Conversations with Kafka. London: Quartet Books, 1985.

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25. KAFKA, Franz. Diarios. Barcelona: Random House Mondadori, 2010.
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28. KLEE, Paul. Diarios. Madrid: Alianza Editorial, 1993.

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30. LEVIANT, Curt. Diary of an Adulterous Woman. New York: Syracuse University Press, 2001.

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32. MÁRAI, Sándor. Diarios (1984-1989). Barcelona: Salamandra, 2008.

33. MARSDEN, John. So much to tell you. Montville: Walter McVitty Books, 1997.

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35. MONTAIGNE, Michel de. Diario de viaje a Italia. Madrid: Cátedra, 2010.
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36. MUSIL, Robert. Diarios (2 vol.). Barcelona: Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2009.
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37. MURASAKI. The Diary of Lady Murasaki. London: Penguin, 2005.

38. NIN, Anaïs. Henry and June. London: Penguin, 1990.
Incest (1932-1934). New York: Harvest Book, 1993.
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39. PASCAL, Blaise. Pensamientos. Madrid: Alianza Editorial, 1986.

40. PAVESE, Cesare. El oficio de vivir. Madrid: El País, 2003.

41. PLATH, Sylvia. Diarios. Madrid: Alianza Editorial, 1996.

42. REMARQUE, Erich Maria. All Quiet on the Western Front. Glasgow: Triad/Granada, 1983.

43. RILKE, Rainer Maria. Los apuntes de Malte Laurids Brigge. Madrid: Alianza, 1988.

44. ROTH, Joseph. What I Saw. Reports from Berlin 1920-33. London: Granta Books, 2003.

45. SABATO, Ernesto. Antes del fin. Barcelona: Seix Barral, 1999.

46. SACHER-MASOCH, Leopold von. Venus in Furs. London: Penguin, 2006.

47. SÁNCHEZ-OSTIZ, Miguel. Liquidación por derribo: diarios, 1999-2000. Irún: Alberdania, 2004.

48. SVEVO, Italo. La conciencia de Zeno. Barcelona: DeBolsillo, 2010.

49. TASSO, Valérie. Diario de una ninfómana. Barcelona: Plaza & Janés, 2003.

50. TORRENTE BALLESTER, Gonzalo. Los cuadernos de un vate vago. Barcelona: Bibliotex, 1998.

51. TOWNSEND, Sue. The Secret Diary of Adrian Mole. London: Methuen, 1985.

52. TURGENEV, Ivan. The Diary of a Superfluous Man. New York: Dover Thirft Editions, 1995.

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55. VILA-MATAS, Enrique. Dietario voluble. Barcelona: Anagrama, 2010.

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59. WITTGENSTEIN, Ludwig. Diarios secretos. Madrid: Alianza, 1991.

60. WOOLF, Virginia. A Writer’s Diary. London: GraftonBooks, 1953.


Bibliografía también necesaria, si hubiese escrito algo decente.

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The Glass Bees. New York: New York Review of Books, 2000.
Sobre los acantilados de mármol. Barcelona: Destino, 1990.

3. KITCHEN, Martin. El período de entreguerras en Europa. Madrid: Alianza, 1992.

4. MANN, Thomas. Relato de mi vida. Madrid: Alianza Editorial, 1990.

5. MÁRAI, Sándor. Confesiones de un burgués. Barcelona: Salamandra, 2007.

6. MURRAY, Nicholas. Kafka. London: Abacus, 2004.

7. ROLLAND, Romain. Above the Battle. Chicago: The Open Court Publishing Company, 1916.

8. ROTH, Joseph. The Radetzcky March. London: Granta Books, 2003.

9. SONTAG, Susan. Contra la interpretación. Madrid: Alfaguara, 2005.

10. TUCHMAN, Barbara. August 1914. London: Papermac, 1994.
The Proud Tower. A portrait of the world before the war 1890-1914. London: Papermac, 1981.

11. ZWEIG, Stefan. El mundo de ayer. Memorias de un europeo. Barcelona: Acantilado, 2004.
El legado de Europa. Barcelona: Acantilado, 2003.

miércoles, 10 de agosto de 2011

20000 gracias


Esta imagen muestra el bonito número de las visitas que ha alcanzado el blog en su corta vida. Son vuestras 20.000 visitas, y nuestras son las 20.000 veces que os decimos gracias por haber entrado (por azar o por gusto), por haberos paseado, por haberos quedado. En especial, queremos dar las gracias a los seguidores, visibles e invisibles, y, sobre todo, a los que han participado con sus comentarios.

Es triste usar clichés y más si son cursis, pero también tienen su algo de verdad la tristeza, los clichés y la cursilería: así que “Sin vosotros, esto no tendría sentido”.