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viernes 13 de enero de 2012

Las memorias de Nahum N. Glatzer

FISHBANE, Michael & GLATZER WECHSLER, Judith (ed.). The Memoirs of Nahum N. Glatzer. Cincinnati: Hebrew Union College Press, 1997, 151 pp. Traducción de Pilar Moure y Roberto Vivero.

[http://wsupress.wayne.edu/books/599/Memoirs-of-Naham-N-Glatzer]

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Un encuentro kafkiano

Se propuso la fecha del 11 de Julio de 1973 para un encuentro de los editores de la proyectada edición crítica de las obras de Kafka, encuentro que debía tener lugar en la Herzog August Bibliothek, Wolfenbuttle, de la que era director Paul Raabe.

Dado que por aquel entonces yo me encontraba en Oxford y Malcolm Pasley, el estudioso de Kafka, es oxoniense, nos pusimos de acuerdo para ir juntos. Me recogió en coche el día anterior, 10 de julio, y fuimos a Londres. Llegamos a tiempo para coger el vuelo de las 9:40 a Hanover, a donde llegamos a las once en punto. No tuvimos ningún problema para coger un autobús que desde la terminal nos llevase a la estación de ferrocarril, donde tomamos un tren hacia Braunschweig. Un viaje sencillo y rápido. La secretaria de Raabe nos dio el nombre del hotel en el que teníamos que pernoctar. Una especia de tren eléctrico nos conduciría a Wolfenbuttel. Todo resultaba tan cómodo y sencillo que nos felicitamos por formar un equipo perfecto. Un corto trayecto en taxi nos llevó al pequeño hotel.

Y entonces sucedió lo inesperado: la puerta estaba cerrada y un trocito de papel nos informaba de que “Regresaré (decía el encargado del hotel) a las 3:15”. Una nadería, pero el simbolismo kafkiano era impactante. Cuando todo va bien, esperas que no aparezcan obstáculos y – aquí están: la puerta de un alojamiento público cerrada al mediodía. He de entender que Kafka se le apareció en un sueño al encargado del hotel y le pidió que cerrase la puerta justamente aquel día y a aquella hora. De lo contrario estaríamos mal preparados para una conferencia editorial sobre Kafka. Jamás habrá un Kafka tranquilo, sereno y despreocupado.

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Franz Kafka

¿Cómo lo descubrí? De casualidad, si es que existe tal cosa. Estaba de camino en Fráncfort cuando, inesperadamente, me encontré con Fritz Millner, que venía en dirección opuesta. Llevaba un libro bajo el brazo. “¿Qué es?”, le pregunté. “El proceso, de Franz Kafka; tienes que leerlo”. Eso sucedió en 1925 o 1926, poco después de la publicación del libro. Leí la novela y a partir de entonces todo lo que pude. Kurt Wolff había publicado una serie de textos sueltos de Kafka: La condena, La metamorfosis, El fogonero. Compré una gran cantidad y los usé para hacer regalos. Lo que me atrajo de Kafka fue su extraordinaria penetración de la naturaleza humana. Cuando hablaba de insectos, del viejo padre, del ambiguo hijo, del agrimensor, del acusado K, del chico en su viaje a América – siempre era de ti de quien hablaba.

Unos veinte años después de mi “descubrimiento” de Kafka, me vi técnicamente envuelto en el hecho de atraer la atención sobre sus textos a los lectores de lengua inglesa. Uno de los primeros proyectos de la recién fundada editorial Schocken Books en Nueva York (1945) fue la edición en inglés de los diarios de Kafka. El libro aún no había aparecido en el original alemán y la versión inglesa tenía que basarse en el texto mecanografiado por Max Brod, o, más bien, en el texto mecanografiado de los diarios editados por Max Brod. Fue para mí un privilegio participar en el trabajo editorial y en la supervisión de la traducción al inglés. Aquí hay que incluir una “nota editorial”. El siempre alerta, desconfiado y circunspecto Salman Schocken, antes de que estallase la guerra había prevenido a Brod para que depositase los manuscritos de Kafka con los suyos, los de Schocken, en la caja fuerte a prueba de fuego que tenía en su biblioteca; la llave la tendría Brod. Pero en algún momento entre que se dejaron los manuscritos en la caja fuerte y la entrega de la llave, Schocken fotografió rápidamente aquel material. De manera que los editores de Nueva York tenían a su disposición tanto la versión de Brod de los diarios como una fiel fotografía del original de Kafka.

Lo que probablemente era una manera de actuar carente de ética (la fotografía no autorizada de los manuscritos de Kafka) pronto se convirtió en una inestimable ayuda con respecto a la fidelidad a la obra de Kafka y a la exactitud editorial. Porque, de hecho, [93] Brod no solo había ajustado la puntuación y la ortografía al uso del momento, además de haber transcrito los nombres checos, sino que había realizado cambios en el texto con el fin de salvaguardar la reputación de Kafka y preservar su grandeza. Recuerdo un ejemplo: En un momento dado, Kafka exclama: “Cómo envidio a Werfel”. Brod omitió esa cándida referencia a Franz Werfel, quien en su tiempo había disfrutado de algo parecido a la fama para caer casi en el olvido con el paso de los años. Brod omitió esta frase. Nosotros, en Schocken, recuperamos la frase, por supuesto, no solo porque añade, más que resta, humanidad a Kafka, sino también por el bien de la precisión editorial. La edición alemana, que partía del manuscrito de Brod, apareció poco después de la edición inglesa; resultaba bastante extraño (pero no para nosotros) que fuese menos fiel que la versión inglesa. Brod, informado de las “discrepancias”, se puso furioso, pero no tenía donde agarrarse.

[Franz Werfel. http://cumplede.wordpress.com/2011/09/10/10-de-septiembre/]

Se tradujeron al inglés otras obras de Kafka; las que tuvieron más éxito fueron las colecciones de relatos breves, La gran muralla china (1946), Queridísimo padre (1954) (el texto mecanografiado por Brod decía “Lieber Vater”, mientras que en el manuscrito de Kafka se leía con toda claridad “Liebter Vater”), Descripción de una lucha (1958).

Se le pidió a Hannah Arendt que editase una colección de las Parábolas de Kafka, una edición bilingüe. Más adelante se me designó para la preparación de una edición ampliada; apareció bajo el título Parábolas y paradojas (1961). Sin tener nada que ver con mi elección, Heinz Politzer eligió el mismo título para su libro sobre Kafka. Aparecieron ambos libros; a nadie le molestaron los títulos.

Mientras leía a Kafka una y otra vez, me preguntaba si podría haber un tema literario concreto que ocupase, más que otros, la mente de Kafka. Se me ocurrió la idea del Árbol del Conocimiento como tema que aparece en múltiples ocasiones en sus aforismos. En uno de ellos dice (sin jactancia alguna) que cree entender mejor que otros lo que realmente significa la “Caída”. Sus comentarios sobre el Árbol del Conocimiento en contraposición al Árbol de la Vida investigan en profundidad las implicaciones humanas universales de la historia. El conocimiento implica la conciencia de la muerte y es, por lo tanto, la fuerza que contrasta con la “Vida” y el placer ingenuo, impensado, parecido al de los animales, paradisíaco, que conlleva. No puedes tener ambas cosas. La decisión de apropiarse del Conocimiento se paga con la exclusión del Árbol de la Vida, es decir, con la expulsión del Paraíso. El hombre es un exiliado y no puede retornar; con todo, más trágica que la expulsión del Paraíso habría sido la destrucción del Paraíso; no tenemos información de que tal cosa sucediera.

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Me resultó evidente que estas reflexiones eran esenciales en la visión del mundo de Kafka. Cuando hice este “descubrimiento”, pensé que esta manera de entender la Vida (buena) y el Conocimiento (peligroso, señalando a la muerte) por parte de Kafka es el fundamento (consciente o no) de muchas de sus historias. Así lo reflejé en el ensayo “Franz Kafka y el Árbol del Conocimiento” (Entre Oriente y Occidente, un volumen en memoria de Bela Horovitz, 1958), pero nadie le prestó atención y las biografías de Kafka no tomaron nota del artículo.

Ted Schocken me invitó para preparar dos volúmenes de Kafka: una nueva edición de los cuentos completos de Kafka, con apéndices biográficos y de otros tipos; y la biografía intelectual de Kafka, recogida, tanto como fuese posible, de los escritos autobiográficos del propio autor, especialmente de sus diarios. Empecé a trabajar en el segundo proyecto tomando notas de los diarios y las cartas, en especial de las cartas (Briefe) en alemán. El trabajo me fascinó, pues vi la oportunidad de presentar la vida de Kafka en sus propias palabras. En más de una ocasión menciona que le habría gustado escribir su autobiografía, y algunos críticos dicen que la totalidad de los escritos de Kafka son autobiográficos. Me mantuve alejado de esta posición y me quedé con lo que es incuestionablemente autobiográfico. El hecho de que Kafka destruyese partes de sus diarios resultaba bastante doloroso; en tales casos las cartas servían de ayuda, pero no dejaban de ser un pobre sustituto.

Yo quería que el volumen se titulase: “La vida de F. K. … presentada por…”. En las oficinas de Schocken, Beverly Colman insistió en que debería poner “editada por”, lo que daba la impresión de que Kafka había dejado auténticos escritos autobiográficos que solamente precisaban del trabajo editorial. Por aquel entonces, yo estaba en Los Ángeles; escribí para explicar la diferencia entre ambos, pero no logré convencer a nadie. No tendría que haber cedido; más tarde lo lamenté. Pero incluso con “editado por” yo esperaba un gran éxito. Tan solo un crítico reseñó: “Esto es lo más próximo a una autobiografía que jamás tendremos”.


[Salman Schocken. http://www.jpost.com/LocalIsrael/InJerusalem/Article.aspx?id=34153]

Antes de que comenzase a trabajar en la “autobiografía”, Ted le mencionó el proyecto a Marianne Steiner (sobrina de Kafka) en Londres, una dama de gran sensibilidad y perspicacia. Debió de decirle a Ted un par de amables palabras sobre mí para convencerlo de lo que realmente deseaba. Estaba, le dijo a Ted, temerosa de que yo mostrase a Franz “demasiado judío”. Ted debió de tranquilizarla, pero creo que no quedó completamente convencida. Qué actitud más vergonzosa. Desde el momento en el que hay tanto de judío en Kafka (tanto en la superficie como en lo más profundo y oculto, un judaísmo cuya relevancia a un mismo tiempo se afirma y se duda, un judaísmo olvidado y una y otra vez recuperado [95] por una memoria intensamente brillante), hacer caso omiso de esta faceta por miedo a que se disgustasen los gentiles sería deshonesto y una falsificación de la vida de Kafka.

El título del libro está extraído de las notas de Kafka, Soy una memoria que se ha vuelto viva. Los sabios entenderán, en palabras de Abraham ibn Ezra.

El trabajo editorial para la publicación en inglés de Cartas a amigos, familiares y editores requirió una grandísima labor; la traducción de Richard y Clara Winston exigía una estrecha atención, pues su alemán distaba mucho de ser perfecto. Yo me acomodé en mi sillón y di respuesta a las cuestiones editoriales y revisé las notas a pie de página y las referencias judaicas. El libro apareció en 1977.

Siguen celebrándose las reuniones anuales del equipo internacional para la edición crítica de la obra de Kafka. Los principales archivos están en Wuppertal. La principal dificultad estriba en el hecho de que el único manuscrito del Prozess (“El proceso”) está en posesión de Esther Hoffe, en Tel Aviv, quien exige condiciones imposibles (derecho a veto en todos los asuntos relativos al uso del manuscrito; abogados de Fischer-Verlag hablan con el abogado de Frau Hoffe), exactamente como Kafka habría querido. En un momento dado, Frau Hoffe intentó sacar de contrabando el manuscrito fuera de Israel, y fue detenida por los oficiales de aduanas. De alguna manera obtuvo el derecho a trasladar el Prozess a Zúrich.

Otra dificultad está relacionada con el nombre Hartmut Binder. Es un buen especialista en Kafka, pero demasiado orientado a la estadística. Se las arregló para sacarle a Brod cierta importante información sobre Kafka, y a la editorial Schocken, material de Kafka. Prometió a Schocken no utilizar ese material para no poner en peligro la edición histórico-crítica. No mantuvo su palabra y publicó material desconocido hasta la fecha, siempre reconociendo las fuentes de la información, de manera que nadie puede afirmar que actuase de forma ilegal. Esto hace que partes de la planeada edición resulten superfluas. Mi consejo (por dos veces) fue que se le incluyese en el grupo editorial y se le permitiese participar en el trabajo. Malcolm Pasley se opuso de la forma más vehemente y amenazó con abandonar el proyecto. Paul Raabe era de mi misma opinión; no se tomó ninguna decisión, pero nadie quería oponerse a Pasley, uno de los hombres más valiosos del comité. En referencia a mi posición en el equipo editorial, Binder me llama “die graue Eminenz”.

F. B.

[Felice. http://www.franzkafka.de/franzkafka/die_frauen/felice_bauer/457348]

Felice Bauer, la novia de Kafka; pero originalmente Max Brod había intentado que “el mundo” no supiese el verdadero nombre y aprendiese a sentir un temor reverencial ante estas iniciales. Recuerdo lo contento que me puse al saber el “nombre”. [98] Y luego, diez años más tarde, la señora Marasse (su nombre de casada) apareció en Schocken Books con un paquete de cartas de Kafka para negociar la adquisición de las cartas y el derecho a publicarlas por parte de Schocken. Mi labor consistía en conducir las primeras fases de la negociación. Pues F. B. quería ver las cartas publicadas y, al mismo tiempo, quería quedárselas. Yo señalé la importancia de F. K. en el mundo de la literatura y de su contribución si cediese las cartas. Quedé impactado por la fealdad de su rostro y la ordinariez de su expresión, y no podía imaginar que de joven resultase atractiva, por mucho que ayude el mero hecho de ser joven. Bueno, K. debió de darse cuenta, pues al recordar la primera vez que la vio (en casa de Brod), le pareció una “Dienstmädchen”, una frase que Brod intentó eliminar de la primera edición alemana de los Diarios (que editó). Se excitó mucho cuando cambió la conversación y se habló de la grandeza de F. K. “Mein Franz war ein Heiliger (Mi Franz era un santo)”, dijo varias veces, y luego preguntó por el paradero actual de Odradek, olvidando que se trata de una figura imaginaria en un cuento. Reconstruyó el último adiós con Franz, que debió de haber sido el acontecimiento más triste en la vida de F. B. Dibujó la mano de Kafka estirándose por el cuarto hasta que ella se perdió de vista. Finalmente, estuvo dispuesta a vender y publicar las cartas con algunas serias reservas que yo no pude manejar. Aquí intervino el señor S. Schocken y, si recuerdo bien, hizo referencia a un paquete de cartas de Grete Bloch que, para causar mayor efecto, había colocado sobre su escritorio. Le dijo de manera bastante clara que publicaría aquellas cartas de su amiga y, en lo que concernía a F. K., seria rival, a no ser que retirase sus condiciones. Creo que las condiciones tenían que ver con una pequeña colección de cartas de Kafka que ella consideraba demasiado íntimas y que no habrían de ser publicadas mientras estuviese viva, o algo de ese tipo.

Las Briefe an Felice aparecieron en 1967; el volumen también contenía las cartas a Grete Bloch, no como apéndice, sino junto a las de Felice, en orden cronológico. Erich Heller y Jürgen Born, los editores, en la introducción a la primera carta a Grete Bloch argumentaban en contra de la posibilidad de que Grete fuese la madre de un hijo de Kafka (hijo del que nunca supo nada), pero el hecho de que otros (incluyendo a Max Brod y Klaus Wagenbach) dieran por cierta la maternidad de Grete, al menos quedó registrado.

Yo lo creo, pues Wolfgang Schocken me mostró una carta de Grete Bloch en la que habla del asunto, aunque sin mencionar a F. K. por su nombre. [97] Le pregunté a Schocken (no es pariente del editor) si existía la posibilidad de estar ante un falso supuesto o una distorsión de los hechos. Y él, que la conocía bien, lo negó. Así que nos hemos quedado con dos mujeres y el único F. K.

Salman Schocken

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Schocken invitó a Hannah Arendt a unirse a la firma como editora de la sección no-judaica y, en especial, de Kafka. Ambos fuimos nombrados editores jefes, pero ella intentó imponer su superioridad, lo que no me importó. Max Brod preparó y proporcionó una copia a máquina de los Diarios de Kafka, y el texto alemán se tradujo al inglés; tenía que ser publicado antes de que lo hiciese el texto en alemán.


[Hannah Arendt. http://pensamientohannaharendt.blogspot.com/2010_03_01_archive.html]

Willy Haas envió las cartas de Kafka a Milena. Schocken trabajó diligentemente en el orden de las cartas, pues estas no estaban datadas. A día de hoy (1973), la cuestión de la secuencia de estas cartas representa un problema en las investigaciones sobre Kafka. La versión inglesa salió a la luz en 1953; inmediatamente los críticos se percataron de la gran belleza de esta colección.

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Nota de los traductores.

-Los números entre corchetes rotulados de verde corresponden a las páginas en el original.

-La cita "soy una memoria que se ha vuelto viva" se encuentra en los diarios de Kafka (15 de octubre de 1921). Hemos tomado la traducción de KAFKA, Franz. Diarios. Barcelona: DeBolsillo, 2010, p. 529. Traducción de Joan Parra y Andrés Sánchez Pascual.


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