En la entrada anterior escuchamos la lectura de un fragmento del diario de Kafka sobre el fondo de un aria de Bach. Resulta curioso ver cómo el mismo texto evoca diferentes asociaciones y, de forma casi inevitable, invita a preguntarse acerca de las fuentes de Kafka, o, mejor dicho, por lo que tenía en mente a la hora de escribir.
En la nota que acompaña al texto de los diarios leemos lo siguiente:
“En efecto, la entrada anterior empieza con palabras de inequívoco signo religioso: Erbarme Dich (‘Apiádate de mí’), con las que también empieza una famosísima aria de la Pasión según san Mateo de Bach” (Diarios, ed. cit., p. 755).
“’No me eches entre los perdidos’” suena a una auténtica oración; nos recuerda a un pasaje de los Salmos (51:13): “No me arrojes lejos de tu presencia”. Suele recitarse solemnemente durante los Días Terribles (Yamim Noraim), y es posible que Kafka recordase el verso. A la oración de Kafka le sigue esta triste reflexión: ‘Si estoy condenado, no solo estoy condenado hasta el final, sino también condenado a defenderme hasta el final’. Una extraña premonición en boca de un hombre que está a punto de casarse. ¿O quizás el matrimonio, el sufrimiento y la muerte eran todo uno en la mente de Kafka, una unión que excluía el amor?” (Traducción de Pilar Moure y Roberto Vivero).
Aunque siempre habrá que tener presente que Kafka podía recordar todo esto, e incluso más cosas, pero que lo esencial no era lo que tenía en la cabeza, sino su cabeza.


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