sábado, 4 de febrero de 2012

Franz Kafka, ajedrez y un doctor llamado Franz Kafka


A vueltas con Kafka y el ajedrez, sí. Me pregunto si no será cuestión de mitomanía y de querer dar más prestigio a lo prestigioso que a uno le gusta, algo parecido a cuando se buscan lumbreras que hayan nacido bajo tu mismo signo zodiacal.


[Capablanca]

¿Jugaba Kafka al ajedrez? Yo no recuerdo haber leído en ningún libro que se mencionase tal cosa, y puede ser que me falle la memoria, porque la vida de Kafka está registrada casi al milímetro y al milisegundo, y aunque fuese como anécdota, se habría escrito sobre el caso. La única referencia de Kafka al ajedrez de la que tengo fiel constancia se encuentra en uno de sus diarios de viaje: el 16 de julio de 1912, mientras descansaba en el Instituto Naturista de Rudolf Just, en Jungborn, escribe entre paréntesis: “Me molestan cuando escribo unos ajedrecistas que están descansando y no paran de hablar”. [p. 650] También creo recordar (pero siento no poder confirmarlo con la cita correspondiente) que Kafka utilizó metafóricamente el nombre de alguna pieza de ajedrez en una carta a Felice Bauer. Y, si me permiten el juego de palabras, teniendo en cuenta que “Bauer” tiene, entre otros significados, el de peón, cada vez estoy más convencido de que el contacto con Felice representó lo más cerca que Kafka estuvo del ajedrez.

A Kafka lo interrumpieron los parlanchines ajedrecistas (y qué ajedrecista no lo es una vez terminada la partida y estando todavía ante el tablero) mientras describía la tarde pasada en las ferias en compañía de un grupo de seis niñas de entre seis y trece años. Mientras estuvo en Jungborn, Kafka tenía otras cosas en las que fijarse (“Dos chicos suecos guapos con las piernas largas, tan bien formadas y tensadas que casi le da a uno ganas de pasarles la lengua”) y que hacer (“He posado desnudo para el Dr. Schiller. Sin bañador. Experiencia exhibicionista”), y no parece que se hubiese acercado a los ajedrecistas ni para jugar ni para mirar. ¿Y qué auténtico aficionado al ajedrez desaprovecharía la ocasión de ponerse junto a un tablero? Lo único que Kafka puede decir es que los ajedrecistas le molestan, claro, porque ya no están jugando en ese silencio que tan bellamente describe el poeta chino Bai Juyi:

A LA ORILLA DEL LAGO

A la fresca sombra de los bambúes,
dos monjes de la montaña, sentados,
se enfrascan en su juego de ajedrez.
Nadie los ve a través de la espesura.
Pero de vez en cuando se percibe
el ruido de una pieza que se mueve.

Aunque parezca que me he perdido (y uno no siempre se pierde para mal), no me salgo del camino que aquí he abierto. Porque es ahora cuando entro en materia.

Solamente en Internet he encontrado “información” sobre las relaciones entre Kafka y el ajedrez. En la siguiente página http://rogerlp.blogspot.com/2009/10/kafka-chess.html puede leerse, en inglés, un artículo de Gustav Skämt que también se encuentra en alemán (http://schachpralinr1.blogspot.com/2011/10/franz-kafka-und-das-schach.html) y en español (http://www.tabladeflandes.com/frank_mayer/frank_mayer227.html). El texto, pues, parece tener gran aceptación. Pero que algo se repita, aunque sea una mentira, no se convierte en verdad.


Me llama la atención en el texto que se diga que en la biblioteca de Kafka se encontraban estos libros: Das Endspiel im Schach, de Hans Fahrni; 300 Fins de Partie, de Henri Rinck; Handbuch des Schachspiels, de Bilguer; Fünfzehn Ausgewählte Partien des Schachmeister turniers in Kaschau 1918, de J. Mieses; así como varios números del Časopis českych Šachistů & Deutsche Wochenschach, y numerosos recortes de la columna de ajedrez de Zlatá Praha. Y me gustaría saber la fuente de esta información, porque, por ejemplo, consulto el libro de Jürgen Born, Kafkas Bibliothek, y no encuentro ningún título, ni de libros ni de publicaciones periódicas, relativo al ajedrez. Aunque reconozco que tampoco el libro de Born es la última palabra, pues tampoco recoge ninguna obra de Freud y, sin embargo, parece haber constancia de que Kafka leyó y anotó con fruición La interpretación de los sueños. (Así lo afirma Sander L. Gilman en “A Dream of Jewishness Denied: Kafka’s Tumor and ‘Ein Landarzt’”).

Por lo que cuenta Skämt, existe un cuaderno naranja, a buen recaudo en la Bodleian Library de Oxford, en el que Kafka no sólo tiene anotaciones sobre ajedrez, sino que también contiene dibujos de ajedrecistas. Si bien sabemos que todavía quedan documentos de Kafka por salir a la luz, al menos yo nunca había oído hablar del tal cuaderno naranja.

Según el artículo, Kafka participó en varios torneos (en 1916, 1917, 1921 y 1922) y, por lo visto, ganó el segundo. Y yo, incrédulo de mí, no lo veo nada claro. Y, es más, insisto, ¿cuáles son las fuentes? Pero el caso más llamativo no es otro que el de la simultánea que Capablanca jugó en Praga los días 10 y 11 de octubre de 1911. Desde luego, la imagen es atractiva: Capablanca contra Kafka. Casi nada. Aunque tal vez más atractivo hubiese sido una partida Alekhine-Kafka…

Si leemos las entradas del diario de Kafka alrededor de esas fechas, observamos que Kafka estaba, por aquella época, completamente entregado a la causa del teatro yídish. El día 10 de octubre escribe: “Anteayer con los judíos en el café Savoy”. Tal vez fue allí y entonces cuando Kafka vio alguna partida de ajedrez. Porque el argumento según el cual Kafka participó en el campeonato debido a la popularidad del juego y de Capablanca, se desintegra kafkianamente cuando se recuerda la entrada del diario del 2 de agosto de 1914: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. – Por la tarde, Escuela de Natación”. Sí, parece que Kafka se dejaba arrastrar por la corriente de los grandes sucesos…

Y, en fin, puestos a buscar en Internet (http://www.saarschach.de/thread.php?postid=37734), también encuentro lo siguiente:


Y esto puede ser tan mentira como el resto, pero, qué quieren, porque me hace gracia y siempre tuve debilidad por el Doppelgänger, me quedo con esto.

Por lo tanto, este artículo mío es bastante inútil, pues sigo sospechando que Kafka o no sabía jugar al ajedrez o el ajedrez le interesaba (y le influyó) tanto como, qué sé yo, la cría del percebe en maceta, y, desde luego, mucho menos que los aeroplanos, el cine, las motocicletas o la carpintería.

Pero dejó aquí, para amenizar el texto y para engrosar postmodernamente esa verdad internáutica de las mentiras repetidas, el vídeo de la celebérrima partida entre Capablanca y Kafka. Y es que ya lo decía Flaubert en su Diccionario de prejuicios: “AJEDREZ (juego del). […] Demasiado serio para ser un juego, demasiado fútil para ser una ciencia”.

video

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BIBLIOGRAFÍA

BORN, Jürgen. Kafkas Bibliothek. Frankfurt am Main: S. Fischer Verlag, 1990.

FLAUBERT, Gustave. Estupidario. Diccionario de prejuicios. Madrid: Valdemar, 2000.

CHEN, Guokian (ed.). Poesía clásica china. Madrid: Cátedra, 2002.

KAFKA, Franz. Diarios. Barcelona: DeBolsillo, 2006.

ROLLESTON, James (ed.). A Companion to the Works of Franz Kafka. New York: Camden House, 2002.

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